Nuestro niño interior, una retrospección necesaria

Descuidar de nuestro niño interior trae graves consecuencias sobre la autoestima y nuestras relaciones interpersonales. Por esto es importante conectar con esta parte de nosotros tan especial. Además, nos permite percibirnos de la forma en al que realmente somos. Nos permite amarnos y reconciliarnos con nuestro pasado. Poder reconectar con él o ella, es una tarea que varía de dificultad dependiendo de cada persona. Pero ¿Qué es nuestro niño interior?

Una parte intrínseca de nosotros

El niño interior es un término acuñado en la terapia Gestalt. Es la parte de nuestra psique que se forma en con las vivencias y experiencias de la infancia. Que estas experiencias sean positivas o negativas, y cómo son interiorizadas por cada uno, definen cómo es nuestro niño interior. Al ser una representación de quienes fuimos a tan temprana edad, es un reflejo fidedigno de lo que sentimos, cómo pensábamos, que nos gustaba o disgusta, en resumidas cuentas, la versión más pura de nosotros mismos. Que sea tan pura y temprana, también la vuelve muy sensible, por lo que se le debe tener mucho cuidado. Pero, para poder cuidarlo, primero debemos de entender cómo se formó.

El comienzo de nuestra historia

María Montessori, pionera en la pedagogía, comparaba a los niños con esponjas. Sus mentes tienen una capacidad de aprendizaje incomparable e infinita. Reciben de una forma pura todos los estímulos del entorno, siendo afectados positiva o negativamente de estos, pero siempre aprendiendo algo en el camino. Basándonos en estas aventuras, empezamos a elaborar nuestra propia y única manera de ver el mundo.

Los niños experimentan todas sus vivencias sin filtros, por lo que los experimentan con completa sinceridad. Esto va cambiando conforme vamos formando nuestra personalidad, la cual se forma con nuestras vivencias. Por lo tanto, muchas de las cosas que nos pasan en la infancia, marcan nuestra vida para siempre, en especial las negativas, porque generan traumas, rencor, odio, temor, etc; que más tarde causará patrones de conducta que percibiremos cómo naturales e inalterables.

Lamentablemente, a medida que vamos creciendo, nuestro niño interior es desplazado cada vez más profundo dentro de nuestro corazón. Esto debido principalmente a lo que espera la sociedad de nosotros en cada etapa de nuestras vidas.

Reprimiendo nuestra verdadera identidad

Ya desde nuestra infancia, se nos imponen reglas que nos impiden ser nosotros mismos. El mayor factor aquí es la familia, la cual nos cría con base en sus creencias y en la sociedad en la que crecemos, ya que ellos buscan que nos adaptemos de la mejor forma a la sociedad. Por esto todos conocemos la frase “viene de familia“. Esto mismo nos fuerza a adaptar una forma de ser distinta a la que nosotros queremos, nos imponen nuestros sueños, metas, etc.

Ya de adultos, todas estas imposiciones llenan nuestra vida de una miseria e insatisfacción que no somos capaces de comprender. Es nuestro niño interior que hemos olvidado y se encuentra herido, decepcionado.

Reconectar conmigo mismo

Para conectar con esta parte tan especial de nosotros, debemos emprender una gran aventura de autoconocimiento, aventura que puede ser peligrosa sin una guía adecuada. Reencontrarnos con nuestro niño interior es un proceso delicado, en el cual recordamos cosas del pasado que a veces pueden sacar a la luz heridas que nunca llegaron a sanar. Comprenderemos comportamientos nuestros que pensamos que no tenían razón de ser, y aprenderemos a ser niños otra vez.

Con el clown terapéutico, aprenderemos a conectar con el niño que guardamos todos dentro, porque los niños son clown, son auténticos, son ellos mismo. Con el clown aprende a ser tú mismo, y de esta forma amarte como eres y vivir plenamente.

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